
Este señor se dedica a realizar esculturas orgánicas por medio de globos –quizás uno de los materiales más contemporáneo y extraños que se pueden utilizar–, con el aliciente de que los globos se van desinflando con el paso del tiempo.
La singular representación de un mundo biológico de colores vivos, realizado con ciento de globos, aportan un toque sintético y hace de la obra de Hackenwerth un espectáculo andante animado por actores que se transforman en criaturas sacadas de un mundo microscópico.
Una creatividad así es totalmente explotada por este artista neoyorquino que reside en Long Island.
Sin duda una obra impresionantes con una vida muy efímera.
Una propuesta, utilizar preservativos de sabores y que los espectadores puedan degustar la escultura, podría ser interesante ¿verdad?



